En el marco de ARCAL, países de América Latina y el Caribe trabajan juntos por una agricultura sustentable

La agricultura es uno de los sustentos de nuestra economía y de la de América Latina y el Caribe. Por eso, esta semana se reúnen en Chile representantes de 12 países de la región, además de México, para revisar los avances de un proyecto conjunto (RLA5078) que, a partir del uso de genotipos en macronutrientes y bacterias que promueven el crecimiento, busca mejorar las prácticas de fertilización en cultivos de importancia para cada país. Esto en el marco del Acuerdo Regional de Cooperación para la Promoción de la Ciencia y Tecnologías Nucleares en América Latina y el Caribe (ARCAL).

Esta instancia fue organizada por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), con el fin de analizar el progreso en su implementación, considerando la revisión de los genotipos seleccionados, la evaluación de las cepas de microorganismos que se utilizarán como biofertilizantes y la identificación de brechas de conocimiento.

“Para que haya un proyecto regional, debe haber un problema y una solución común. En este caso, es la insuficiencia alimentaria, y por eso buscamos aumentar la producción de alimentos, desde una arista económica y sustentable, generando sistemas de producción de cultivos eficientes e impulsando el uso de biofertilizantes”, señaló Eulogio de la Cruz Torres, del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ) de México, y coordinador general de este proyecto.

“La posibilidad de desarrollar biofertilizantes, que son bacterias o microorganismos que habitan en el suelo, nos permitirá reducir costos y promover el desarrollo de una agricultura sustentable, considerando que los fertilizantes químicos contaminan la tierra y muchos de ellos impactan desfavorablemente las características físico-químicas de los suelos”, agregó De la Cruz.

En su desarrollo juegan un rol clave las técnicas nucleares y convencionales. Parte de estas últimas son las técnicas microbiológicas, que incluyen una etapa de aislamiento de la cepa, su caracterización, establecimiento de la dinámica de crecimiento y producción de un biofertilizante. En tanto, las técnicas nucleares consideran el uso de isótopos estables, como el nitrógeno 15, para evaluar la eficiencia de la planta y de los biofertilizantes, en virtud de la asimilación del nitrógeno.

Para graficar la importancia de este proyecto, basta revisar algunos números: una cuarta parte de las tierras cultivables del mundo están en esta región y la exportación de sus productos agrícolas corresponde al 15 % del total global.

En nuestro país, las cifras también hablan por sí solas: el área creció en un 5,8% en 2018, las  exportaciones alcanzaron los US $18 mil millones, generó más de 800 mil nuevos empleos y 26 Acuerdos Comerciales con 64 mercados.

“Este proyecto ha permitido organizar encuentros entre el SAG, la Red Chilena de Bioinsumos y empresas privadas dedicadas al análisis de suelo, microorganismos y producción agrícola del país, para discutir la futura norma de productos bioestimulantes y biofertilizantes, que nos permitirá contar a futuro con protocolos homogéneos de análisis entre laboratorios. Así, tanto el productor agrícola como las empresas comercializadoras, podrán asegurar los elementos presentes en el etiquetado de estos productos y su envasado”, señaló Ernesto Vega, jefe de Sección del Laboratorio Bacteriología Agrícola del SAG.

En tanto, Adriana Nario, contraparte nacional del proyecto RLA5078, puso en relieve el fortalecimiento de la red de contactos establecida a nivel nacional e internacional, destacando especialmente la vinculación estratégica que existe con el SAG, gracias a lo cual se han visto fortalecidas las técnicas isotópicas en las líneas I+D con foco en el logro de objetivos de valor hacia la comunidad.

Mucho más allá de nuestras fronteras, a nivel mundial la agricultura es una de las líneas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas, y por tanto, ocupa y preocupa al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que pone a disposición recursos para promover el uso de las técnicas nucleares con fines pacíficos y de desarrollo.

En esa línea, “el principal mecanismo de apoyo del Organismo es el Programa de Cooperación Técnica, que busca transferir conocimiento y tecnología ya aplicada y desarrollada, y llevarla a los Estados Miembros, para que la conozcan, perfeccionen y compartan”, puntualizó Karla Molina, de la División de Cooperación Técnica para América Latina y el Caribe del OIEA.

Más aún, “nuestros proyectos conectan las necesidades de los Estados Miembros con los Objetivos de Desarrollo Sustentable. Por ejemplo, en este caso, apuntamos al objetivo número 2, que se enfoca en la seguridad alimentaria, la agricultura sostenible y su relación con el cambio climático”, concluyó Molina.

14 países de la región trabajan juntos para promover buenas prácticas en la fabricación de radiofármacos

Una de las áreas más importantes en la que impactan los productos y servicios que se desarrollan  en la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN) es la salud. Son cerca de 200.000 pacientes los que reciben atención anualmente, gracias a insumos que se producen en los centros de estudios nucleares La Reina y Lo Aguirre.

Uno de esos productos es el Tecnecio 99, un elemento radiactivo que, aprovechando su emisión de rayos gamma, cumple la función de evaluar el funcionamiento de algunos órganos del cuerpo humano, mediante equipos adecuados que, en este caso, es la tomografía computarizada por emisión de fotones individuales (SPECT, por sus siglas en inglés).

Precisamente, para recibir capacitación sobre buenas prácticas de fabricación en lo que respecta a la producción de radiofármacos que se utilizan con la técnica médica SPECT –entre ellos, el Tecnecio 99- Mauricio Sepúlveda, de la Sección Control de Calidad del Departamento de Radiofarmacia de la CCHEN, participó en un curso regional, realizado del 30 de septiembre al 04 de octubre, en el Instituto de Pesquisas Energéticas e Nucleares de Sao Paulo, Brasil.

“Fue una excelente oportunidad para el aprendizaje de nuevos conocimientos que enriquecerán mi trabajo y el que desarrollamos a nivel institucional, en lo que respecta a Buenas Prácticas de Manufactura”, señaló Mauricio Sepúlveda.

Por otra parte, “también fue una instancia de evaluar, junto a nuestras contrapartes del resto de países que participa en el proyecto, los desafíos que plantea la aplicación de las normativas de Buenas Prácticas de Manufactura en los procesos productivos y analíticos”, concluyó.

Esta capacitación fue parte del programa de actividades del proyecto denominado “Armonización de Criterios en Buenas Prácticas de Producción y Control de Radioisótopos y Radiofármacos” (RLA6080), que se desarrolla en el marco del Acuerdo Regional de Cooperación para la Promoción de la Ciencia y Tecnología Nucleares en América Latina y el Caribe (ARCAL).

En el caso de Chile, este proyecto es liderado por Sylvia Lagos, quien, además, es la encargada nacional de ARCAL, en representación de la CCHEN.

Son 14 países de América Latina y el Caribe los que participan en esta iniciativa, que cuenta con el apoyo del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), bajo el objetivo de
fortalecer las capacidades regionales para la producción sostenible de radioisótopos y radiofármacos, abordando las regulaciones.

Los países participantes son Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela y Chile.

Asimismo, como parte de este proyecto también se realizó una capacitación sobre buenas prácticas de fabricación en la producción de radiofármacos utilizados en Tomografía por Emisión de Positrones (PET), realizada en Montevideo, Uruguay.

Cabe mencionar que el cierre del proyecto está contemplado para diciembre de 2019.

Equipo con fuente radiactiva robado es encontrado sin daños

La Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN) informa que, este lunes 22 de julio, fue encontrado el equipo de gammagrafía con fuente radiactiva de iridio 192, que había sido robado la madrugada del viernes en Quilicura, junto a su vehículo de transporte, propiedad de una empresa de ingeniería.

Tras las pericias forenses de Labocar, se puede asegurar que el equipo se encuentra en perfecto estado, sin señales de haber sido abierto, manipulado ni perforado, por lo que no hay evidencia de emisión de radiación nociva a la población.

El hallazgo fue el resultado de un esfuerzo conjunto, ordenado por la Fiscalía Centro Norte, en el que participaron tanto Carabineros de Chile, a través del OS-9, como la Policía de Investigaciones, a través de la Brigada de Delitos Medio Ambientales y Contra el Patrimonio Cultural de la Región Metropolitana.

Asimismo, se mantuvo en alerta a las instalaciones del Servicio Nacional de Aduanas, para prever una eventual salida del país del equipo. La CCHEN prestó todo el apoyo técnico en la búsqueda y recuperación del elemento.

Como parte de su rol fiscalizador, la Comisión efectuará una investigación, con el fin de verificar si se cumplieron todas las disposiciones de tenencia y transporte de este equipo por la empresa responsable. La investigación judicial, por su parte, será conducida por Macarena Cañas, Fiscal Jefe de la Unidad de Primeras Diligencias de la Jurisdicción Metropolitana Centro Norte Fiscalía Metropolitana Centro Norte.

El Director Ejecutivo de la CCHEN, Jaime Salas, puso de relieve “la necesidad de mantener el buen nivel en los diversos sistemas de prevención y respuesta a escenarios en los que una fuente radiactiva se pierde y la importancia de estar siempre disponibles para su mejora”, junto con agradecer el compromiso y dedicación de las instituciones involucradas en la búsqueda, como asimismo de los medios de comunicación y usuarios que ayudaron a divulgar la información.

 

 

CCHEN y USACH patentan proceso que permite reducir la concentración de uranio de los desechos radiactivos

Recientemente, el equipo de la Planta Piloto de Hidrometalurgia de la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN) obtuvo su primera patente, en el marco del proyecto denominado “Sistema para la obtención electrolítica de Tetrafluoruro de uranio (UF4) a partir de torta amarilla (Yellow Cake) o diuranato de amonio (ADU), utilizando electrodiálisis reactiva”. Su desarrollo se realizó en conjunto con el Departamento Ingeniería Metalúrgica de la Universidad Santiago de Chile.

Así, esta iniciativa representa una nueva alternativa para obtener UF4, materia prima para la obtención de UF6 , cuya preparación es un factor importante para el ciclo del combustible nuclear, al ser utilizado para enriquecer U-235, isótopo presente en el uranio natural. Esto, porque una vez en su forma de UF4 “enriquecido”, y mediante magnesiotermia, es posible obtener uranio metálico que se utiliza en la fabricación de elementos combustibles en Chile.

En concreto, mediante este proyecto, probado a escala de laboratorio, se da la posibilidad de generar Tetrafluoruro de uranio (UF4) para posteriormente transformarlo en Hexafluoruro de uranio (UF6), gas resultante de la combinación de fluoruro y uranio.

Precisamente, gracias al peso de sus moléculas, se pueden utilizar centrifugadoras de gas (UF6) para producir uranio enriquecido, mediante la separación de los isótopos U-235 y U-238, lo que se transforma en una alternativa para fabricar los elementos combustibles con uranio enriquecido. En esa línea, el UF4 tiene una función clave en la tecnología del combustible nuclear, dado que es un importante producto intermedio.

Adjudicación de patente

Tras el desarrollar y finalizar el proyecto en 2013, los investigadores Pedro Orrego Alfaro (CCHEN) y Gerardo Cifuentes Molina (USACH), presentaron al Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) una solicitud de patente, la que fue otorgada recientemente, bajo la categoría TRL 4, que implica una validación a nivel de componentes de laboratorio.

“Ahora buscamos dar un paso más allá, apostando por obtener en el mediano plazo una patente a nivel de prototipo, por lo que queremos desarrollar un nuevo proyecto que nos permita salir del laboratorio y hacer pruebas a mayor escala, para luego salir a abordar el mercado internacional”, señaló Pedro Orrego.

Producción de Tetrafluoruro (UF4)

El objetivo del proyecto se enfocó en la obtención de concentrados tipo Tetrafluoruro de uranio UF4, utilizando técnicas hidro y electrometalúrgicas, aplicadas a un concentrado comercial tipo torta amarilla (Yellow Cake).

Para ello se estudió, desarrolló y evaluó la obtención de UF4, por la vía electrolítica, determinando los parámetros óptimos del proceso en cuanto a temperatura y densidad de corriente. Además, se estudiaron dos tipos de membrana catiónica, material catódico (Hasteloy C y grafito) y anódico (ánodo DSA).

Lo innovador de este proyecto radica en la utilización de técnicas de electrometalurgia en la etapa de precipitación, las que si bien hoy son utilizadas a nivel industrial, no habían sido abordadas en profundidad por la CCHEN.

“La obtención de la patente es un buen incentivo para continuar desarrollando esta investigación, que, además, se transforma en una fuente informativa relevante que le permite a la Comisión continuar contribuyendo en lo que respecta a la producción de concentrados de uranio del tipo UF4”, indicó Orrego, agregando además que “lograr ejecutar este proceso es de alta relevancia, porque representa un punto clave en el ciclo del combustible nuclear y, además, implica un desafío, por cuanto se trata de un tipo de desarrollo que no cualquiera puede realizar”.

“En su permanente búsqueda de nuevos horizontes de cooperación, la Universidad de Santiago y la CCHEN -única institución abocada a materiales denominados de uso nuclear- trabajaron en este desarrollo de forma sustentable y segura, donde los resultados obtenidos demuestran que se trata de una virtuosa colaboración mutua”, comentó Gerardo Cifuentes.